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1 nov. 2011

“El Protágoras” de Platón

El diálogo, con el título Protágoras, escrito por Platón es una especie de apología a Sócrates. Los traductores, J. Calonge, E. Lledó Iñigo y C. García Gual, de la editorial Gredos nos ofrecen una pequeña introducción para captar de forma más sintética lo que el diálogo nos ofrece, en ella lo sitúan entre los primeros cronológicamente escritos por Platón, ello nos ayuda a observar que la imagen del Sócrates en el diálogo responde a la del Sócrates histórico, sin mayor influencia de ideas del autor, de tal suerte que encontramos un protagonista “ocupado en problemas de ética, interesado en ‘los razonamientos inductivos’ (como dice Aristóteles)”1. Dentro de la misma introducción, los traductores nos ofrecen una división del diálogo sobre la cual me apoyo para presentar el texto.
Tenemos en primer lugar un prólogo, en el cual Sócrates se topa con un amigo y le comenta que ha estado en casa de su joven amante en donde se llevó a cabo el diálogo entre Sócrates y Protágoras, interesado en ello su amigo le pide que cuente su relato.
Aquí es donde inicia el primer acto en donde el joven Hipócrates, emocionado por la noticia de que Protágoras está en la ciudad, acude, muy de madrugada aún, a Sócrates para pedirle que le lleve ante él y le pida que lo haga su discípulo. Sin embargo antes de asistir, Sócrates invita al joven a platicar mientras amanece. En el transcurso de esta charla queda al descubierto lo que es un sofista y cuál es su enseñanza. Para Sócrates esto está claro, un sofista es un experto en hablar pero engañoso en sus enseñanzas. Después de esto, el acto continúa en casa de Calias en donde se encuentran reunidos los sofistas mas reconocidos con sus discípulos, entre ellos Protágoras al que se dirigen y le exponen la razón de su presencia. Es aquí donde Protágoras hace su presentación, aprovechando la oportunidad para ensalzarse delante del resto de sofistas presentes.
En el segundo acto encontramos las objeciones que Sócrates hace a la presentación del sofista, medio por el que se expone el núcleo del diálogo, es decir, el de si es posible enseñar la virtud, como pretendía hacerlo Protágoras. A estas objeciones, Protágoras expone el mito de Prometeo, con el cual justifica que todos los hombres poseen la téchne politiké, y con ello infiere que es la areté es un conocimiento, por lo tanto implica ciencia y como tal es enseñable. A ello, Sócrates retoma el estilo del diálogo corto a manera de pregunta y respuesta, pero Protágoras no gusta de este estilo pues lo hace contradecirse y comienza a molestarse.
Viene aquí el intermedio y las intervenciones conciliadoras de los oyentes, a fin de que se reanude el diálogo. Lo consiguen, pero al comenzar el tercer acto, Sócrates hace un comentario, tomando el poema de Simónides, para hacer notar lo sencillo que es manipular los argumentos cuando se hacen largos discursos. De este modo se retoma el diálogo al estilo de Sócrates. Aquí aparece el tercer punto del argumento: la unidad de la virtud y su relación con el conocimiento.
Viene entonces la “inconclusión”, como la llaman los traductores, pues el resultado del diálogo es un cambio de posturas ya que Protágoras queda convencido de que no es posbile enseñar la virtud y Sócrates, en cambio, admite que lo es.
Según describen los traductores es común, en los diálogos de Paltón, que la discusión concluya sin dejar una respuesta concreta al problema planteado, sino que se queda abierta, en este caso, a seguir en búsqueda de la definición de virtud, posteriormente expresada por Aristóteles como la areté, quien al llamarla de esta manera quiere expresar que la virtud es “la perfección de las personas” (que de hecho sería la traducción original de este vocablo griego)2. Al respecto me parece importante destacar la forma en como lo expresan los traductores en su introducción puesto que tal es el meollo del diálogo:
El carácter didáctico de la excelencia moral y política que aquí viene a discutirse- que es uno de los lemas de la ideología de los sofistas- remite en seguida a la existencia de una epistéme o techné politiké, (…) al final del diálogo asistimos a un curioso cambio de posición (…) Protágoras, que comenzó postulando como un hecho evidente la enseñanza de esa areté, desconfía de tal posibilidad, mientras que Sócrates que comenzó por extrañarse de tal afirmación a admitir que si la areté es conocimiento, como parece apuntarse habrá de ser susceptible de enseñanza.3
Antes de terminar considero importante señalar que Sócrates no sólo apela a que es posible enseñar la virtud sino que defiende la postura de que la ciencia capacitada para hacerlo es (en diferencia a la sofística que, como ya veíamos, se ve imposibilitada para ello) la Filosofía.

Bibliografía

Cortés Morató, Jordi, y Antoni Martínez Riu. Diccionario de filosofía Herder. Barcelona: Empresa Editorial Herder, 1996.
Platón. Diálogos. Primera edición. Traducido por J. Ruiz Calonge, E. Iñigo Lledó y C. Gual García. Vol. I. Madrid: Gredos, 2000.

1 Platón, “Protágoras” en Diálogos. Primera edición. Traducido por J. Ruiz Calonge, E. Iñigo Lledó y C. Gual García. Vol. I, p.357, Madrid, Gredos, 2000.
2 Cortés Morató, Jordi, y Antoni Martínez Riu. Diccionario de filosofía Herder. Barcelona: Empresa Editorial Herder, 1996.
3 Platón. Diálogos. Primera edición. Traducido por J. Ruiz Calonge, E. Iñigo Lledó y C. Gual García. Vol. I, p.356 Madrid: Gredos, 2000.

1 comentario:

  1. Es, sin duda alguna, un diálogo simplemente genial. Siendo uno de los iniciales de Platón, es posible comenzar por aquí el conocimiento de este gran filósofo. En primer lugar me llamó la atención la manera en la que argumenta Sócrates, con un diálogo corto. Creo que es una manera muy útil de evitar los errores en las argumentaciones. Además es importante destacar que aquí se introduce el término de la "areté", como la virtud. En torno a este tema de "la perfección de las personas" girarán muchas reflexiones de filósofos contemporáneos a él y aún posteriores. Por último, se me hace interesante cómo al final se da esa llamada "inconclusión", en que Sócrates y Protágoras cambian de parecer. Es un trabajo muy bueno. Muchas gracias Sergio por tu aporte filosófico a nuestro blog.

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