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4 oct. 2011

Una mirada a Jenófanes de Colofón



El presente texto pretende mostrar de manera breve algunos de sus razonamientos sobre aspectos teológicos y físicos, primordialmente, así como algunos datos biográficos. Iniciemos entonces con este personaje histórico de la filosofía.

Jenófanes fue un poeta y filósofo griego nacido probablemente entre el año 570 a.C. y muerto en el 475 a.C. Originario de Colofón, ciudad griega de Jonia ubicada en Asia Menor y situada a orillas del río Hales. Desterrado vivió en Zancle de Sicilia y en Catania. Alcanzó su plenitud en la olimpiada 60.

Fundador de la escuela eleática

A Jenófanes se le atribuye la fundación de la escuela eleática, ya que se presume pasó una parte de su vida en el sitio de Elea. En esta escuela explicaba que todas las cosas son realmente una según la razón, aunque poco se sabe de todo esto ya que no declaró nada. Aristóteles afirma que Jenófanes fue maestro de Parménides, Simplicio dice que también de Teofrasto. Aristóteles elabora un tratado cuyo nombre es: De Melisso Xenophane Gorgia [Cf. G.S. Kirk y J.E. Rave pag. 225] donde explicaba la concepción del dios de Jenófanes que no era limitado como el de Parménides, pero tampoco ilimitado como en Meliso, por desgracias parece ser que Aristóteles no logró entender la concepción que proponía sobre dios. Estas son algunas referencias que tenemos hoy de Jenófanes, además se cuenta con pocos escritos sobre su relación con Elea, por ello algunos le consideran solo titular o patrono de la escuela eleática.

Su poema.

Como se ha mencionado en el inicio del texto, parte de su actividad la dedicó a la elaboración de poesía, cuyos fragmentos se encuentran en metros de estilo elegíaco y otros en hexámetros, algunos de sus poemas poseían el nombre de libelos o sátiras, pero aun cuando se piensa pudo haber escrito algo sobre física realmente muchos de sus escritos eran de temas teológicos, con todo esto Aecio le atribuye un poema titulado Sobre la Naturaleza. Los textos respecto al tema son pocos ya que se enfocaba primordialmente en asuntos de teología, sin embargo abordaba o relacionaba algunos puntos sobre física dentro de ellos, quizá como simple interés por los fenómenos naturales de su época. Así otros de sus escritos se refieren a comentarios y observaciones sobre otros poetas y pensadores [Cf. G.S. Kirk y J.E. Rave pag. 226 ]

Ataques a la inmoralidad y a la naturaleza antropomórfica de los dioses de la región convencional.

Generalmente los llamados ataques que realizó Jenófanes tenían como objetivo contraponerse a la concepción divina de Homero y Hesíodo, quienes presentaban a dioses inmorales, muy humanos, de hecho otra de las críticas que hace es sobre la falta de objetividad en cuanto a la apariencia humana que les dan los autores, con ello hace referencia a que en diversos pueblos cada cultura elabora la imagen de sus dioses conforme a los rasgos propios del pueblo, incluso se pone un poco irónico al decir que si los animales pudiesen crear las imágenes de sus dioses los harían semejantes a ellos, entonces para él la concepción de dioses con cuerpo de hombre o mujer debe ser abandonado .

Agrega que solo hay un dios superior a dioses y hombres el cual no posee forma de hombre ni sus pensamientos son semejantes a los de él. Le atribuye inmovilidad a este dios que no necesita desplazarse pues le basta su propio pensamiento para mover todas las cosas.

Dice Jenófanes que lo uno es dios mismo, a esto Aristóteles pretende dar una interpretación la cual parece no haber entendido por lo que llego a referirse de Jenófanes como un rústico, de hecho su interpretación se deformó al punto de creer que Jenófanes poniendo sus ojos en el mundo dijo que lo uno era dios, lo cual es contradictorio si bien se habla de un dios inmóvil, porque de identificarse con el constante movimiento del mundo, ¿cómo puede ser inmóvil?

Podemos sintetizar entonces que Jenófanes simplemente se opuso a las propiedades que Homero y Hesiodo dieron a las divinidades relegando con ello a un plano secundario la concepción de un cuerpo propio en los dioses.

Ideas físicas

El sol nace cada día de la reunión de pequeños trozos de fuego, la tierra es infinita y no está rodeada ni por aire ni por el cielo. Hay innumerables soles y lunas y todas las cosas se componen de tierra.[1]

La manera de dar un razonamiento a la composición de los astros contiene cierta semejanza con el pensamiento de Heráclito respecto a la parte constitutiva de las cosas formadas por fuego. Dice que la tierra es infinita que no está rodeada por aire ni por cielo, que hay muchos soles y lunas, que al igual que el resto de las cosas se compone de pequeñas partículas de fuego. En un fragmento diverso dice que el sol está compuesto de nubes en ignición lo cual es divergente, o es fuego o es nube. Sin embargo es gracias a estos fragmento por los cuales no se le puede catalogar solo de teólogo, aunque de fondo la intención de estas explicaciones físicas era quitar de la concepción popular el carácter de divinidad que se les atribuía a los fenómenos naturales, por ello algunos de sus fragmentos pueden ser considerados con cierta ironía, humor, incluso fantasía sobretodo los que explican el movimiento de los diversos soles “caminando sobre nada”.

Las raíces de la tierra.

Las descripciones homéricas y hesíodicas colocaban la parte baja de la tierra (Tártaro) equidistante de la tierra y el cielo, puesto que las raíces de la tierra estaban sobre Tártaro, como se concibe. Al parecer aquí Jenófanes no tiene intención de oponerse en esta cuestión, tal vez simplemente pretende discordar con el dogmatismo de Milesio arguyendo que la parte inferior de la tierra se prolonga de manera indefinida.

La superficie de la tierra se convierte de nuevo en mar.

Sostiene que el hombre está constituido de agua y tierra, una concepción un tanto ingenua como es señalado por Kirk y Raven, pues hace alusión a la equivalencia analógica de los huesos con la tierra y la sangre con el agua, se puede decir de este pensamiento que es la elaboración de una física rudimentaria. Jenófanes pretende demostrar el origen de los hombres en el barro, deducción que no era nueva, sino que ya había sido propuesta anteriormente por Anaximandro, el aporte ocurre cuando Jenófanes afirma que el hombre necesariamente tiene que perecer cuando la tierra seca vuelva a ser barro, para ello se apoya en figuras fosilizadas de animales marinos que, según él, son barro seco, las cuales existieron tiempo atrás cuando eran tierra húmeda. Otra prueba en la que se sostiene se basa en la observación a las estalactitas, pues a primera vista en las cavernas parece que el goteo de agua se genera a partir de la misma tierra y al caer se vuelve a hacer tierra, es decir la tierra puede ser agua, a esto lo podemos llamar, según Kirk y Raven, transformaciones cíclicas entre tierra y mar. [Cf. G.S. Kirk y J.E. Raven pag.238]

Las limitaciones del conocimiento humano.

Ningún hombre ha conocido ni conocerá nunca la verdad sobre los dioses y sobre cuantas cosas digo; pues aún cuando por azar resultara que dice la verdad completa, sin embargo, no lo sabe. Sobre todas las cosas no hay más que opinión.[2]

Para cerrar con Jenófanes es preciso mencionar los puntos que hacía sobre la limitación del conocimiento humano, el hombre no puede conocer ni conocerá la verdad sobre los dioses, puesto que lo que dice es simplemente opinión, así mismo cuando el hombre no lograba explicar algo, comúnmente fenómenos físicos, se atribuía a que el dios se lo revelaba como sucedió con las opiniones dogmáticas de Parménides, contrario es lo que afirma Jenófanes, pues él no concibe dicha revelación, sino una recompensa por el arduo trabajo de investigación del hombre mismo. Por último propone un ejemplo, el del higo, como fruto más dulce ante el dios que no crea la miel dulce, confirma la limitación de conocimiento del hombre que necesita del dios hacedor de las cosas, para que él las pudiera conocer. Con esto resalta la diferencia del hombre y de dios, y al dios uno ante los dioses. Por lo tanto, según Jenófanes, no hay dioses, sino un solo dios y éste dios no es semejante a los hombres que lo conciben incluso con forma y elementos humanos.

Bibliografía.

G.S. Kirk y J.E. Raven, Los filósofos presocráticos, Gredos, Madrid, 1987, cp. 5: “Jenófanes de Colofón”



[1] Kirk, Raven y Schofield, Los filósofos presocráticos, ed. Gredos, Madrid, 1987, pag. 233

[2]Íbid. pag. 241

2 comentarios:

  1. Jenófanes de Colofón viene a sumarse a la novedosa corriente de pensamiento filosófico que al rededor del siglo VI y V a.C. se desarrolló en Grecia. Ahora, este presocrático continúa con los "ataques" a la filosofía tradicional, que veía detrás de cada fenómeno inexplicable a un dios (del fuego, del sol, de la lluvia, etc.). Además ya no se queda en las teorías mitológicas y/o divinas sobre la cosmogonía, sino que, eliminando a "todos los dioses" deja a "un sólo Dios", que es el que originó todo.

    Es interesante conocer el aporte de este filósofo, pues resulta un intento bastante exitoso, para la realidad de su época, de imponer la razón, la lógica del hombre, sobre el "eterno misterio" que los mitos y las respuestas anteriores dejaban. Es decir, ante el sol, la filosofía tradicional veía un dios y "fin de la discusión". Ahora Jenófanes de Colofón explica el fenómeno de manera lógica y racional, con argumentos basados en observación quizás o en experiencia, pero al fin, más objetivos que una subjetiva "deidad" que al final nos deja en las mismas: simplemente es un dios y no entendemos porque brilla el sol.

    Agradezco a José David que nos haya acercado a Jenófanes para conocer su importante aporte a la historia, a la filosofía.

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  2. ja no sirve para nada esto

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