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16 oct. 2011

Presentación general de Parménides de Elea

Como a la mayoría de los filósofos presocráticos, hay dificultad para ubicar a Parménides de Elea en una fecha con exactitud científica. No obstante, podemos datar su nacimiento entre los años 515-510 a.C. aproximadamente. Se dice que convivió con Zenón y que llegó a encontrarse con Sócrates (siendo éste aún joven)[1]. Fue hijo de Pires, y discípulo de Jenófanes que influiría en su pensamiento. Sin embargo, no le siguió, sino que se asoció al pitagórico Amnias. Llegó además a legislar para los ciudadanos de Elea[2].

Al parecer fue un pitagórico quien convirtió a Parménides a la filosofía, no obstante, “pocas son las huellas de que, en la época de la madurez de su pensamiento, continuara en él viva preocupación por las ideas pitagóricas...”[3], excepto una supuesta doctrina sobre el destino del alma. Habiendo sido, además, discípulo de Jenófanes, encontramos resonancias de la teología y epistemología de su maestro, y se cree posible que haya influido en su decisión de escribir en hexámetros.

A Parménides se le atribuye un escrito. Fragmentos importantes de dicha obra, un poema en hexámetros, subsiste gracias a la labor de Sexto Empírico (que posteriormente conservó en parte el proemio) y a Simplicio (que transcribió extractos en sus comentarios al de caelo y a la Física de Aristóteles). Por este mismo poema se dice de él que no tenía facilidad de dicción. Su esfuerzo por construir sus ideas filosóficas, de por sí difíciles y abstractas, a una forma métrica, desemboca en una obscuridad constante, especialmente en la sintaxis del texto.

El poema comienza con un proemio, después del cual se divide en dos partes. En la primera parte, Parménides expone que en cualquier investigación, existen solamente dos posibilidades lógicamente coherentes, que son excluyentes, es decir, que es la primera opción o la segunda (no hay más elección, y una excluye radicalmente a la otra): que el objeto de la investigación existe o que no existe. Guiándose por la epistemología, el filósofo rechaza la segunda alternativa, juzgándola de inteligible: “… yo te diré las únicas vías de investigación pensables. La una, que es y que le es imposible no ser; la otra que no es y que le es necesario no ser, ésta, te lo aseguro, es una vía indiscernible...[4]

Su poema continúa criticando a los que él llama “mortales corrientes”, diciendo que sus creencias demuestran que no escogen entre estas dos vías, sino que siguen erróneamente ambas sin discriminación. En la sección final de esta primera parte explora la que él considera “camino seguro”: el objeto de la investigación “es”. Después prueba, de manera deductiva, que si algo existe, no puede llegar al ser o perecer, cambiar o moverse, ni estar sometido a imperfección alguna. El movimiento es entendido, por los antiguos filósofos griegos como el cambio de estado de algo. Este cambio se da para llegar a ser algo diferente, y sucede solamente si el ente es imperfecto, si está en vías de perfección; no obstante, al decir que algo cambia, es porque no es, sino que llegará a ser, así pues, lo que no es no existe, por lo tanto, el movimiento no existe.

No puede decirse ni pensarse lo que no es, queda por tanto excluida la posibilidad de llegar a ser o del perecer. Si algo llegara a ser, ha debido no existir anteriormente, y entonces, habría sido verdad decir de ello “no es”; pero el no ser prohíbe que algo pueda llegar a ser, porque no existe y de la no existencia no puede surgir nada. De la incognoscibilidad de lo que no existe, concluye directamente Parménides que la vía negativa es “indiscernible”. Pensamiento tan complejo no da pie alguno a cosmologías como las que sus precursores jonios habían elaborado. Manifiesta su postura de no creer absolutamente en el mundo que nuestros sentidos manifiestan, pues para él, nos engañan, y sólo existe lo que se puede pensar (que es perfecto y no se mueve).

En la segunda parte del poema (de que subsiste una parte menor) informa de las “opiniones de los mortales, en las que no hay verdadera creencia”[5]. Añade a su tesis que existen ciertos signos de verdad, de aquello que “es”: ser ingénito (uno, continuo, sin génesis), imperecedero(no llega a ser ni perece), entero (no está dividido), invariable (inmutable, existe sin comienzo ni fin), inmóvil(no cambia) y perfecto. Siendo su cosmogonía distinta a la de sus predecesores, postuló que la causa primaria de todas las cosas era la diosa que lo gobierna todo, la poseedora de la llave, que él llama Justicia y Necesidad.

El objetivo principal de algunos fragmentos de su poema está en reclamar el conocimiento de una verdad no alcanzada por la clase normal de los mortales, quienes erran en su elección de la verdad, afirmando que existe aquello que no es, aquello que cambia. Modela parte de sus versos sobre materiales de la Teogonía de Hesíodo. “Es evidente que Parménides pretende desafiar la autoridad magistral de Hesíodo y concuerda con Jenófanes en que la poesía tiene una responsabilidad demasiado solemne como para que se la deje en manos del mito”[6].

Sus argumentos y conclusiones influyeron poderosamente en la filosofía griega posterior. En conclusión, para Parménides de Elea el ser es y el no ser no es. Califica a lo que no existe en términos de “la nada”. Además es el precursor de lo que hoy conocemos por “método”: un camino para llegar a la verdad. Su filosofía será fundamental para las tesis que tiempo después sostendrán otros pensadores.

BIBLIOGRAFÍA

Kirk, Raven y Schofield, Los filósofos presocráticos, Cap. “Parménides de Elea”, Vol. II, Editorial Gredos, Madrid, 2008, pp. 39 – 69.


[1] Cfr. Kirk, Raven y Schoefield, Los Filósofos presocráticos, Cap. “Parménides de Elea”, Editorial Gredos, España, 2008, pp. 41. Platón, Parménides, 127 A (DK 29 A 11).

[2] Cfr. Ibídem, Diógenes Laercio, IX, 21-3 (DK 28 A 1).

[3] Kirk, Raven y Schoefield, Los Filósofos presocráticos, Cap. “Parménides de Elea”, Editorial Gredos, España, 2008, p. 41.

[4] Ibídem, p.47. 291 Fr. , Proclo, in Tim. I, 345, 18; Simplicio, in Phys. 116, 28 (versos 3-8)

[5] Ibíd., p.42

[6] Ibíd., p.45



2 comentarios:

  1. Me parece muy interesante la reflexión que hace Parménides al decir que el movimiento no existe, ya que este sólo se puede encontrar en los objetos que están en perfección, y al decir que los objetos que están en perfección no son, termina diciendo que el movimiento no existe, y así mismo nada existe, ya que todo se encuentra en perfección, se encuentra en un constante cambio. Con lo anterior pienso que para Parménides nada existe, ni nada llegará a existir, por lo tanto el mundo está conformado por nada, ya que todo está en un constante movimiento, en un constante cambio. Con lo anterior me pregunta ¿Qué cosa es para Parménides?

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  2. Conocer a Parménides favorece la comprensión de Zenón como Meliso, debido a que fueron sus discípulos. Muchos de los argumentos de estos personajes tienen sus bases en el pensamiento de Parménides. Uno de los casos es relacionado con el pensamiento sobre: “solo existe lo que se puede pensar” y su postura sobre la no existencia del movimiento.
    Estoy de acuerdo que leer a Parménides tiene un grado de dificultad, asimismo el entender su concepto acerca del movimiento. Creo de manera personal, que favorece más el profundizar en su pensamiento al conocer también a sus discípulos, debido a que ellos también se argumentan de él para hablar acerca del movimiento, del uno, de lo existente y lo desarrollan de una manera más entendible, confrontante con otros pensamientos de la época.

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