CUOTAS

ATENTO AVISO

A los participantes de este blog se les hace extensiva la información respecto a las cuotas de penalización:

- Errores Ortográficos: $1.00
- Errores de redacción/sintaxis: $3.00
- Ideas o Enunciados TOTALMENTE erróneos o fuera de lugar: $5.00

TOPE A PAGAR POR MULTAS: $10.00

7 sept. 2011

Hieros Logos


Poesía órfica sobre los dioses, el alma y el más allá



Los antiguos griegos comúnmente atribuían poesías de temática muy variada a un poeta llamado Orfeo. La tradición mitológica sitúa a Orfeo como un tracio, es decir, como el hijo de una musa, dotado de una capacidad sorprendente para el canto y la poesía. Creían que había descendido a los infiernos para tratar de rescatar a su esposa, pero no lo logró. Después fue despedazado por mujeres tracias, sin embargo su cabeza sobrevivió y él siguió dictando poemas y oráculos de los dioses. Durante muchos siglos se escribieron poemas diversos entre sí pero que eran atribuidos a Orfeo probablemente como estrategia para adquirir validez (en la antigua Grecia mientras más antiguo es un texto más válido es).


No obstante, aquellos poemas atribuidos a Orfeo durante siglos tenían principios religiosos comunes, o al menos similares entre sí. Mantenían una línea común en las creencias órficas, que a su vez éstas se asientan en un mito dionisíaco. Según la versión órfica, los Titanes mataron a Dionisos (hijo de Zeus) tras engañarlo con diversos objetos, lo despedazaron, lo cocinaron y lo devoraron. Irritado por ello, Zeus, los fulminó con un rayo. De las cenizas de los Titanes y de la tierra surgieron los seres humanos que, como consecuencia de su origen, tienen una parte terrena, el cuerpo, en el que se aloja un alma con un componente divino positivo, que procede de Dionisos, pero también con otro componente divino negativo, procedente de los Titanes, que eran dioses malévolos.


De tal manera que los diversos poemas atribuidos a Orfeo, principalmente en los primeros siglos (S.VI a.C. hasta el helenismo) manejan de una u otra manera (a mayor o menor grado) la línea órfica de una antropología dualista, marcada por una radical separación entre alma y cuerpo. El principal tema de la poesía órfica se refiere al origen de las cosas (la poesía cosmogónica) o a la génesis de los seres humanos (antropogónica). Debido al carácter más o menos universal que alcanzó la poesía órfica a lo largo de varios siglos, contextos, e incluso lugares cultural y geográficamente distintos, existen varias teogonías a él atribuidas que coinciden en parte con la de Hesíodo pero añaden elementos muy originales.


Las principales son: la Teogonía del Papiro de Derveni, la Teogonía de Jerónimo y Helanico, el Discurso Sacro (Hieros Logos) en 24 rapsodias o simplemente las Rapsodias, un Hieros Logos apócrifo de origen judío, las llamadas Laminillas de Oro y las Catábasis.


La Teogonía del Papiro de Derveni


La Teogonía del Papiro de Derveni es el poema órfico más antiguo que se conoce y que hace referencia a la Teogonía de Hesíodo, aunque omitiendo algunas partes y pasando velozmente por otras, es decir, le da su propio matiz. Fue escrito probablemente a finales del siglo VI a.C. Es una obra excepcional porque no solo narra los versos, sino que explica “el verdadero sentido” que tienen los versos, pues según el autor, Orfeo le da al lenguaje común un sentido deliberadamente oculto solamente para iniciados (los órficos).

El poema comienza con un canto a la gloria de Zeus, para remontarse después (de manera muy vaga) a las etapas anteriores al reinado de Zeus y terminar con una recreación del mundo por parte de este Dios. En esta teogonía Noche (ser primordial) es madre de Cielo que engendra a Crono, el padre de Zeus. En un momento, legítimamente Zeus toma el poder de su padre (el gobierno celeste como dios supremo) y se dirige con Noche y con Crono para aconsejarse sobre cómo ejercer su mandato. Crono y/o Noche le sugieren que se trague el pene de Cielo (que había eyaculado éter).


Zeus lo hace y queda embarazado de todas las posibilidades generativas que existían en el pene del primer dios masculino, Cielo. Además asume el ingenio y la divinidad regia, esto es, el poder y los recursos necesarios para reorganizar la creación, convirtiéndose en “madre” del que había sido el primogénito inclusive. Zeus vuelve a gestar a todos los seres, a los que volverá a dar a luz. Consigue así “la conquista de un poder que es ya indisputado porque es último dios que se convirtió en primero, por su capacidad de precederse a sí mismo, alterando las normas de la sucesión” (Bernabé, A, 2003: Hieros logos, pág. 42).


No obstante, para que pudiera continuar la acción creadora en la tierra era necesaria la presencia femenina, por lo que Zeus genera a Afrodita (nace de su eyaculación), garante de la continuidad de los nacimientos y, en general, de la fecundidad de la tierra. El resto de la recreación del mundo se produce cuando Zeus da a luz a todos los seres (incluso a Cielo y Tierra, después crea a Océano, a Luna...). Después decide, en una acción incestuosa unirse con su madre, Rea, de la que engendra a Perséfone (su hija y esposa a la vez) y de ella a Dionisos, siendo este último de la misma generación (rango) que él.


Hasta aquí llega el texto inteligible de la Teogonía del Papiro de Derveni (algo dañado por el tiempo). “Nos narra un mito complejo acerca de la organización del mundo y del poder divino en el principio de los tiempos, que tiene muchos puntos de contacto con la Teogonía de Hesíodo” (Bernabé, A, 2003: Hieros logos, pág. 48).


Bibliografía

Bernabé, Alberto. Hieros logos. Poesía órfica sobre los dioses, el alma y el más allá. 2003. Págs. 11-48. Editorial Akal. Madrid, España.

1 comentario:

  1. Es interesante ver, sobre todo en la primera parte de esta publicación, la diferencia entre la corriente dionisiaca y la órfica; totalmente distintas.
    Me parece que la órfica ofrece la visión de que una persona lo puede perder todo si se entrega a sus pasiones. Contrario a la visión dionisiaca que busca dejar correr toda pasión para lograr toda victoria, como lo refleja la tragedia de Eurípides, en donde Dionisio castiga a quien no le reconoce como dios y le rinde culto en su debida forma, es decir, mediante orgías.

    ResponderEliminar