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1 nov 2011

“El Protágoras” de Platón

El diálogo, con el título Protágoras, escrito por Platón es una especie de apología a Sócrates. Los traductores, J. Calonge, E. Lledó Iñigo y C. García Gual, de la editorial Gredos nos ofrecen una pequeña introducción para captar de forma más sintética lo que el diálogo nos ofrece, en ella lo sitúan entre los primeros cronológicamente escritos por Platón, ello nos ayuda a observar que la imagen del Sócrates en el diálogo responde a la del Sócrates histórico, sin mayor influencia de ideas del autor, de tal suerte que encontramos un protagonista “ocupado en problemas de ética, interesado en ‘los razonamientos inductivos’ (como dice Aristóteles)”1. Dentro de la misma introducción, los traductores nos ofrecen una división del diálogo sobre la cual me apoyo para presentar el texto.
Tenemos en primer lugar un prólogo, en el cual Sócrates se topa con un amigo y le comenta que ha estado en casa de su joven amante en donde se llevó a cabo el diálogo entre Sócrates y Protágoras, interesado en ello su amigo le pide que cuente su relato.
Aquí es donde inicia el primer acto en donde el joven Hipócrates, emocionado por la noticia de que Protágoras está en la ciudad, acude, muy de madrugada aún, a Sócrates para pedirle que le lleve ante él y le pida que lo haga su discípulo. Sin embargo antes de asistir, Sócrates invita al joven a platicar mientras amanece. En el transcurso de esta charla queda al descubierto lo que es un sofista y cuál es su enseñanza. Para Sócrates esto está claro, un sofista es un experto en hablar pero engañoso en sus enseñanzas. Después de esto, el acto continúa en casa de Calias en donde se encuentran reunidos los sofistas mas reconocidos con sus discípulos, entre ellos Protágoras al que se dirigen y le exponen la razón de su presencia. Es aquí donde Protágoras hace su presentación, aprovechando la oportunidad para ensalzarse delante del resto de sofistas presentes.
En el segundo acto encontramos las objeciones que Sócrates hace a la presentación del sofista, medio por el que se expone el núcleo del diálogo, es decir, el de si es posible enseñar la virtud, como pretendía hacerlo Protágoras. A estas objeciones, Protágoras expone el mito de Prometeo, con el cual justifica que todos los hombres poseen la téchne politiké, y con ello infiere que es la areté es un conocimiento, por lo tanto implica ciencia y como tal es enseñable. A ello, Sócrates retoma el estilo del diálogo corto a manera de pregunta y respuesta, pero Protágoras no gusta de este estilo pues lo hace contradecirse y comienza a molestarse.
Viene aquí el intermedio y las intervenciones conciliadoras de los oyentes, a fin de que se reanude el diálogo. Lo consiguen, pero al comenzar el tercer acto, Sócrates hace un comentario, tomando el poema de Simónides, para hacer notar lo sencillo que es manipular los argumentos cuando se hacen largos discursos. De este modo se retoma el diálogo al estilo de Sócrates. Aquí aparece el tercer punto del argumento: la unidad de la virtud y su relación con el conocimiento.
Viene entonces la “inconclusión”, como la llaman los traductores, pues el resultado del diálogo es un cambio de posturas ya que Protágoras queda convencido de que no es posbile enseñar la virtud y Sócrates, en cambio, admite que lo es.
Según describen los traductores es común, en los diálogos de Paltón, que la discusión concluya sin dejar una respuesta concreta al problema planteado, sino que se queda abierta, en este caso, a seguir en búsqueda de la definición de virtud, posteriormente expresada por Aristóteles como la areté, quien al llamarla de esta manera quiere expresar que la virtud es “la perfección de las personas” (que de hecho sería la traducción original de este vocablo griego)2. Al respecto me parece importante destacar la forma en como lo expresan los traductores en su introducción puesto que tal es el meollo del diálogo:
El carácter didáctico de la excelencia moral y política que aquí viene a discutirse- que es uno de los lemas de la ideología de los sofistas- remite en seguida a la existencia de una epistéme o techné politiké, (…) al final del diálogo asistimos a un curioso cambio de posición (…) Protágoras, que comenzó postulando como un hecho evidente la enseñanza de esa areté, desconfía de tal posibilidad, mientras que Sócrates que comenzó por extrañarse de tal afirmación a admitir que si la areté es conocimiento, como parece apuntarse habrá de ser susceptible de enseñanza.3
Antes de terminar considero importante señalar que Sócrates no sólo apela a que es posible enseñar la virtud sino que defiende la postura de que la ciencia capacitada para hacerlo es (en diferencia a la sofística que, como ya veíamos, se ve imposibilitada para ello) la Filosofía.

Bibliografía

Cortés Morató, Jordi, y Antoni Martínez Riu. Diccionario de filosofía Herder. Barcelona: Empresa Editorial Herder, 1996.
Platón. Diálogos. Primera edición. Traducido por J. Ruiz Calonge, E. Iñigo Lledó y C. Gual García. Vol. I. Madrid: Gredos, 2000.

1 Platón, “Protágoras” en Diálogos. Primera edición. Traducido por J. Ruiz Calonge, E. Iñigo Lledó y C. Gual García. Vol. I, p.357, Madrid, Gredos, 2000.
2 Cortés Morató, Jordi, y Antoni Martínez Riu. Diccionario de filosofía Herder. Barcelona: Empresa Editorial Herder, 1996.
3 Platón. Diálogos. Primera edición. Traducido por J. Ruiz Calonge, E. Iñigo Lledó y C. Gual García. Vol. I, p.356 Madrid: Gredos, 2000.

31 oct 2011

El pensamiento de Leucipo y Demócrito

demócrito Leucipo y Demócrito filósofos de Mileto, desarrollaron una nueva teoría en contra del pensamiento de Parménides y Zenón, esta teoría fue la atomista, en la cual expresaban que el principio de todas las cosas son los átomos y el vació, sólo existen ellos.

Estos filósofos postulaban que “no habría movimiento sin vacío, y que el vacío es no ser, puesto que ninguna parte de lo que es, es no ser, porque lo que es en sentido estricto está completamente lleno”[1], afirmaban también que todas las cosas están conformadas por partículas de número infinito, invisibles e indivisibles a causa de su pequeñez, a estas partículas las denominaron átomos, las cuales se mueven constantemente en el vacío. Estos átomos cuando se juntan originan la llegada del ser, en cambio cuando se separan causan la destrucción. Los átomos al igual que son infinitos en número, también son infinitos en estructura, es decir, son diferentes entre sí en orden, forma y posición, lo cual provoca que al juntarse den origen a cosas tan diversas y con ello a todo lo existente, “ya que simplemente son suficientes pocas letras del alfabeto para que se puedan formar, combinándolas, infinitas palabras”[2]

atomo Con la teoría que postularon estos filósofos rechazaban el pensamiento donde se afirmaba que el movimiento no existía y que las partículas podían ser divididas indefinidamente, puesto que deducían que los átomos se encontraban en un constante movimiento, ocasionado por las coaliciones entre ellos dentro del vacío y además éstos no podían ser divididos, causa debida a su tamaño. Llegaron a esta teoría por medio del conocimiento legítimo, el cual es el verdadero, pues afirmaban que hay dos formas de conocimiento, uno legítimo y otro bastardo. Al bastardo pertenece todo este grupo: la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. El otro es legítimo y está separado de aquél, se genera a través del intelecto y atestigua su fiabilidad para el juicio de la verdad”[3].

Ellos creían en la existencia de mundos innumerables, basando su pensamiento que “al haber innumerables átomos y un vacío infinito, no existe razón alguna para que se formara solamente un mundo único”[4], sino que había infinidad de mundos que nacían y perecían a través del vacío, todos ellos únicos e irrepetibles.

Pensaban también que todo lo existente estaba formado por átomos, desde las sensaciones como los sentidos, puesto que “el sabor amargo es producido por átomos pequeños, lisos y redondos, cuya actual circunferencia es sinuosa, por lo que es viscosa y pegajosa. El sabor ácido es causado por átomos grandes, no redondos y, a veces angulosos”[5], hasta el alma, la cual consta de átomos esféricos extendidos a lo largo del cuerpo.

En los escritos de Demócrito además del desarrollo de la teoría atómica, se pueden encontrar obras que ocupan cuestiones éticas, entre ellas la más importante es la titulada Sobre el buen ánimo, donde se abordan temas sobre: como evitar la depresión, crianza de los hijos, la educación, el placer y la prudencia, cuestiones políticas, castigo a malhechores, etc. Su consejo principal en esta obra es hacer ver a los hombres, que conseguirían la satisfacción y la felicidad si tomaran como punto de referencia a los que están en peores condiciones que la suya, “uno debería dirigir su mirada hacia los desgraciados, pues, quien admira a los que poseen y los tiene presentes constantemente en su recuerdo, se ve siempre obligado a emprender novedades y a lanzarse, por causa del deseo, a acciones irremediables que las leyes prohíbe”[6]. Demócrito nos afirma que si nos adherimos a este parecer, sin duda viviremos con un mejor ánimo, evitaremos calamidades en la vida y seremos una menor amenaza para los demás.

Concluyo diciendo que la hipótesis de Demócrito y Leucipo es de gran importancia, ya que intentó dar una respuesta sobre la conformación del mundo y de todas las cosas, desde un punto de vista sumamente científico, esta hipótesis es la principal base a lo que posteriormente se desarrollará con una mayor profundidad en la edad moderna, el materialismo.

Bibliografía.

Kirk, Raven y Schofield, Los filósofos presocráticos, Cap. XV “Los atomistas: Leucipo de Mileto y Demócrito de Abdera”, Madrid, Editorial Gredos, 2008, pp. 520 - 564.


[1] Cfr. Aristóteles, de gen. et corr. A8, 325 a 2 (en Kirk, et. al, Los filósofos presocráticos, Cap. XV “Los atomistas: Leucipo de Mileto y Demócrito de Abdera”, Madrid, Editorial Gredos, 2008, p. 527.)

[2] Nicola, Ubaldo, Atlas universal de filosofía, España, Editorial Océano, s.f., p. 588.

[3] Kirk, Raven y Schofield, Los filósofos presocráticos, Cap. XV “Los atomistas: Leucipo de Mileto y Demócrito de Abdera”, Madrid, Editorial Gredos, 2008, p. 534.

[4] Ibidem p. 545

[5] Teofrasto, de sensu 66 (en Kirk, et. al, Los filósofos presocráticos, Cap. XV “Los atomistas: Leucipo de Mileto y Demócrito de Abdera”, Madrid, Editorial Gredos, 2008, p. 558.)

[6] Cfr. Demócrito fr. 191, Estobedo, Anth. m, 1, 210 (en Kirk, et. al, Los filósofos presocráticos, Cap. XV “Los atomistas: Leucipo de Mileto y Demócrito de Abdera”, Madrid, Editorial Gredos, 2008, p. 560.)

18 oct 2011

Rasgos del Pensamiento de Zenón de Elea


El presente texto tiene como intención presentar las características del pensamiento de este peculiar filósofo que nos habla sobre las paradojas del tiempo y del espacio, basándose en algunos fragmentos ubicados en el texto de Los filósofos presocráticos de G.S. Kirk y J.E. Raven, he aquí algunos datos sobre su vida.

Zenón de Elea, nacido probablemente hacia 489 A.C. fue discípulo de Parménides, es importante que entendamos a Parménides, desde este contexto porque será lo que nos oriente a entender el para qué de sus propuestas y la posición en contra de los pitagóricos, de estos planteamientos sobresalen cuatro, muy probablemente nos enfoquemos a uno que contiene los problemas de tiempo y de espacio y también por ello sea el que goza de mayor popularidad y atención entre los entendidos en el tema que buscan refutar su propuesta o por el contrario quienes con amplitud distinta lo postula de manera diversa en otras épocas, sin duda alguna el pensamiento de Zenón sigue siendo motivo de diversos intentos de respuesta a sus problemas, pero antes en necesario mostrar una parte de su tratado sobre las antinomias subsistentes que hablan sobre la pluralidad de los entes: Si hay muchas cosas , es necesario que sean tantas cuantas son, ni más ni menos que éstas. Pero si son tantas cuantas son, serán limitadas. Si hay muchas cosas, los entes son limitados; pues, hay siempre otros entre los que son y, de nuevo, otros entre éstos. Y así, los entes son ilimitados [Fr.3, Simplicio, In Phys. 140,28][1]. Con esta cita pretende explicar qué es lo que hace a una cosa ser una cosa y no muchas, para estas pruebas contra el pluralismo pitagórico podemos decir que pretende demostrar que cada cosa de las que hay en el mundo es infinitamente grande, o bien cada una de ellas es infinitamente pequeña[2], ¿por qué? Porque si tenemos una línea, como lo planteaba a los pitagóricos, compuesta por unidades dotadas de magnitud, esta línea sería infinitamente divisible, puesto que entre más se le continue dividiendo, sus magnitudes harán posible que continúe siendo divisible, siendo así que esta línea será infinitamente grande por la gran cantidad de partes divisibles con las que cuenta, entonces si todas las cosas son infinitamente grandes, el mundo es grande, pero si las unidades carecieran de magnitud, estas serían indivisibles por lo que todo el universo carecería de magnitud, siendo así infinitamente pequeño[3]

Ahora hablemos un poco sobre su problema del tiempo y del espacio el cual plantea que lo que se mueve, ni se mueve en el lugar en que está ni en el que no está,[4] con esto Zenón anula el movimiento y el espacio, puesto que dice que el tiempo está formado por unidades las cuales son divisibles y que nosotros entendemos por minutos, segundos, milésimas, etc. Algo semejante sucede con el espacio ya que también es medible y podemos hacerlo siempre y cuando lo fraccionemos en metro, decímetros, centímetros, etc. O bien podemos dividirlos por mitades, entonces las unidades que los componen se podrán dividir continuamente de tal modo que continúen así hasta el infinito sin terminar de franquear un determinado espacio desde el punto de salida hasta la llegada y ni podrán avanzar en el tiempo por la imposibilidad que implica la división de este porque sus unidades se prolongan de manera infinita. Ahora es oportuno tomar el ejemplo del que se ha hecho mención al inicio:

Zenón nos presenta a Aquiles, quien es un gran héroe, en una competencia muy peculiar contra una lenta tortuga. En el arranque de la carrera Aquiles de modo generoso le concede una distancia de diez metros de ventaja a la tortuga, después de esos diez metros Aquiles se lanza velozmente a la competencia y logra recorrer los primeros diez metros que concedió a la tortuga, aparentemente está por alcanzarla, y así avanza un metro más, la tortuga que ya había avanzado un metro, ahora avanza diez centímetros, Aquiles ahora avanza esos diez centímetros, la tortuga a recorrido un centímetro, curiosamente Aquiles no logra alcanzar a la tortuga y mucho menos rebasarla, se da cuenta que su carrera es en una distancia infinita en la que la tortuga le llevará siempre ventaja por corta que parezca, fraccionando el recorrido que ahora dota de inmovilidad a ambos competidores. [Cf. DK 29 B Fis. Z 9, 239 b 14].[5] Muy probablemente sea éste el ejemplo que nos permita darnos una idea clara sobre sus paradigmas y nos ayude así a entender un poco más sobre su pensamiento.

Como mencioné al iniciar estas líneas, a lo largo del tiempo han surgido diversos pensadores que han dedicado tiempo a los problemas Zenón, quien pretende refutarlos o quien funge como un avatar y lo replantea, sin duda esto no es más que el reflejo de la importancia que posee Zenón dentro de la filosofía a pesar de que más de algún autor se dirija a sus paradigmas como fantasmagorías del propio hombre, sin mayor importancia que ello, aún así no disminuye la novedad y relevancia de su aporte.


Bibliografía.

Copleston, Frederick, Historia de la Filosofía I Grecia y Roma, Barcelona, 1969, Ariel, La dialéctica de Zenón.

G.S. Kirk y J.E. Raven, Los filósofos presocráticos, Gredos, España, 2001, “Zenón de Elea”


[1] Cf. Kirk, Raven y Schofield, Los filósofos presocráticos, ed. Gredos, Madrid, 1987, pag. 350

[2] F. Copleston, Historia de la filosofía I, Ariel, Barcelona, 1969, pag. 67

[3] Cf. Idem

[4] Op. Cit. Zenón de Elea, pag. 359

[5] Cf. Idem

Pensamiento de Pitágoras

          
Durante el s. VI la filosofía tuvo  grandes cambios que la han hecho más profunda y coherente para arribar al conocimiento del principio de todo lo existente. Así pues, es imprescindible decir  que los filósofos presocráticos convergen en que hay un origen de todo lo creado lo cual no surgió espontáneamente, sino que necesariamente tuvo un origen. Por ello, los filósofos han querido interpretar a su manera el principio de lo creado. Por ejemplo, Pitágoras buscó el primer principio de todas las cosas de una manera diferente a la de los habitantes de Jonia utilizando las matemáticas. De esta forma se puede decir que la filosofía se va enriqueciendo y fundamentando.

Ahora bien, se dice que Pitágoras permaneció en la isla de Samos alrededor del s.VI a. C., pero por diferentes circunstancias se trasladó a Crotona, que se encuentra al sur de Italia donde floreció su pensamiento y muere en Metapontio aproximadamente en el s.V. a.C. También se menciona que fue “hijo de Mnesarco, que practicó la investigación científica por encima de todos los hombres y, tras hacer una selección de escritos, se hizo su propia sabiduría, que fue, en realidad, extravagancia”[1].

El aspecto religioso muestra la creencia de la transmigración de las almas, la cual, se menciona que Pitágoras la  introdujo por influencias egipcias. Esta forma de pensar sostiene  que el hombre está constituido de cuerpo y alma. En cuanto a la última se dice que es inmortal y puede reencarnase en otro ser vivo. Por ejemplo, Jenófanes alude a la creencia de Pitágoras:

 “Según Pitágoras al pasar frente a un cachorro que estaba siendo maltratado, sintió compasión  y dijo: Cesa de apalearle, pues es el alma de un amigo la que reconocí al oírle gritar”[2].

Con ello se da a entender que Pitágoras se interesó por la cuestión religiosa y a la vez científica por las teorías que iba manifestando. Por otra parte se tenía en la secta ciertas reglas de abstinencia “no solo de  los seres vivos, sino también de  no acercarse nunca a los carniceros y cazadores”[3].  De esta forma su  objetivo era darse cuenta en el parentesco de todos los seres vivos.

Para seguir profundizando la doctrina filosófica de Pitágoras se tiene que entender que el principio para él no es algo material como el agua, fuego, entre otros elementos, sino una esencia más abstracta que son los números, pues gracias a ellos pudieron descubrir el esquema matemático de la música, ya que midieron apropiadamente la longitud de las cuerdas de un monocordio[4] y así postular que los principales intervalos musicales podían expresarse en simples relaciones numéricas entre los cuatro primeros números enteros. De igual forma descubrieron que en los fenómenos naturales se podían analizar desde una perspectiva matemática como la duración de un año, los días, etc. por tales motivos pensaron que todo estaba conformado por números.

En efecto una característica de los números es que pueden ser pares e impares incluso se aúnan con lo limitado e ilimitado. No obstante se piensa que la realidad está compuesta  por éstos dos elementos que tienen diferentes características según el pensamiento griego. De hecho lo ilimitado se refiere a lo imperfecto, irracional e inteligible. 


Para resumir menciona “Aristóxeno que los pitagóricos purificaban el cuerpo por medio de la medicina, y el alma por medio de la música”[5].  Con ello quiere dar relevancia que las matemáticas y la música son parte elemental para Pitágoras. Finalmente a la  muerte de este filósofo la secta se dividió en dos enfocándose a  temáticas diferentes, una de las divisiones tuvo el nombre de pitagóricos y  la otra de los matemáticos.

Por tanto, el movimiento de Pitágoras influyó  en la filosofía presocrática aportando una forma de ver la realidad muy peculiar a las otras. En efecto, todas las ideas de los presocráticos contribuyen de distintas maneras para acercarse a la verdad que origina lo que existe visible e invisiblemente. También esta postura hace ver a las personas que las cosas  pueden tener una medida como la música, por medio de los números. De hecho yo pienso que los números sí pueden obtener ciertas medidas, empero no pueden ser el principio de todo porque el origen no se puede llegar a conocer, ya que el ser humano no tiene la capacidad de conocer todo.

Concluyo diciendo que el pensamiento de Pitágoras es muy valorado porque ha iluminado a la filosofía por los motivos ya expresados. Esto hace ver que esta materia cada vez va resolviendo preguntas existenciales del hombre, sin embargo tiene la consecuencia de que vayan surgiendo nuevas preguntas que ponen en duda lo real o el principio de todas las cosas. Por ello arguyo que el hombre nunca dejará de filosofar puesto que la vida crea nuevas interrogantes para acercarse al origen y fin de todo.





  Bibliografía:

Kirk, Raven y Schofield, Los filósofos presocráticos, Cap. VII “Pitágoras de Samos“, Madrid, Editorial Gredos, 1994, pp. 307-323

  Monocordio, "monocordio" ubicado en:  http://bach2411111.blogcindario.com/2006/05/00386-monocordio.html [accesado el día 18 de octubre de 2011]




[1] Apolonio, Hist. Mir. 6 (en Kirk, et. al, Los filósofos presocráticos, Cap. VII “Pitágoras de Samos”, Madrid,  Editorial Gredos, 1994, p.308 )
[2] Diógenes Laercio, VIII, 36 (en Kirk, et. al, Los filósofos presocráticos, Cap. VII “Pitágoras de Samos”, Madrid,  Editorial Gredos, 1994, p.313
[3] Diógenes Laercio, VIII, 7 (en Kirk, et. al, Los filósofos presocráticos, Cap. VII “Pitágoras de Samos”, Madrid,  Editorial Gredos, 1994, p.317
[4] Instrumento compuesto por una cuerda única tendida sobre una caja de resonancia, empleado desde el tiempo de Pitágoras para medir los intervalos musicales.
[5] 279 Cramer , An. Par. 1, 172 (en Kirk, et. al, Los filósofos presocráticos, Cap. VII “Pitágoras de Samos”, Madrid,  Editorial Gredos, 1994, p.322 )

Meliso de Samos: "el Uno es incorpóreo”.

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Todo lo que conocemos sobre la vida de Meliso se debe a la batalla en la que derrotó a la armada ateniense, que tuvo lugar en los años 4410/40 a. C., también se sabe que fue el último representante de la escuela de Elea[1]. Se dice que fue hijo de Itágenes y discípulo de Parménides; asimismo, fue político y alcanzó una gran consideración entre sus ciudadanos. Sólo se conservan de él sus escritos que están divididos en diez fragmentos de su libro conocido como: La naturaleza o La realidad, nombres atribuidos por la razón de que los comentaristas identificaban así a los libros presocráticos. También se le vincula con el pitagorismo contemporáneo, corriente que lo llevó a tener una gran reputación y gracias a esto fue nombrado comandante, debido a que sus argumentos fueron replicas a las críticas pitagóricas contra Parménides.

Meliso en su obra, evidencia que el "tiempo" y el "espacio" tienen una amplia vinculación dentro del pensamiento, de ahí que los griegos hayan logrado dar un paso más en la aprehensión de lo abstracto, es decir, que se empezara a hacer uso de términos como el concepto de “vacío”, el cual es definido como algo infinito, lo que implica imaginar su extensión sin que tenga “cuerpo” o “grosor” alguno. Estos conceptos son elementales para comprender el concepto de "Uno" del que habla Meliso. La siguiente cita expresa lo que el filósofo postula como teoría:

“[…] pues si existe la tierra y el agua, el aire y el fuego, el hierro y el oro, si unos seres están vivos y otros muertos, unas cosas son negras y otras blancas y son ciertas cuantas cosas afirman los hombres…tras haber dicho que había muchas cosas que eran eternas y que tenían formas y fuerza propias, creemos que experimentan alteración y que cambian de lo que vemos en cada instante […] en consecuencia, si hubiera una pluralidad, las cosas deberían ser tales cual es precisamente la naturaleza de lo uno”[2].

Meliso dice que a causa de los cambios que se manifiestan en la naturaleza, se da la alteración en la definición del Uno; expresa que si éste no tiene un comienzo, un medio, y un fin (cuerpo y grosor), puede considerarse al Uno como incorpóreo; es decir, no tiene cuerpo y no existe. Si fuera de manera contraria, donde existiese un comienzo, un medio y un fin, éste dejaría de ser Uno, así pasaría a ser algo divisible y corpóreo.

Cabe mencionar que para los pitagóricos el mundo era definido por el número tres, puesto que éste determinaba la división de las cosas; este pensamiento contradice al Uno de Meliso, ya que él concebía al Uno como algo indivisible.

Meliso confronta el argumento de Parménides que consistía en ver al mundo como una esfera inmóvil, que es Uno, eterno, indivisible y no contiene vacío. También evidenció que lo que existe es incorpóreo al escribir que: si el Ente “es”, debe ser uno y, al ser uno, no debe tener cuerpo. Si tuviera volumen tendría partes y ya no sería uno[3]. Todo lo que posee “cuerpo” y “grosor”, debe, por ello también tener “partes”, sacrificando con ello su unidad y la única vía para mantener la integridad del Uno eleático [5]. Tal pensamiento nos remite a que el Uno no tiene cambios, movimientos, ni divisiones; de esta manera el autor niega así, dichos atributos pitagóricos.

Dichos argumentos a pesar de describir el Uno como indivisible y homogéneo, dejan ver claramente influencias de la escuela pitagórica, cuyo intento era burlarse del Uno. Por tanto, es muy posible que Meliso se viera forzado a abandonar el magisterio de Parménides a causa de las críticas que los pitagóricos hicieron a éste. Comparado con el método de Zenón, quien fue integrante de dicha escuela, se caracterizó por sus argumentos destructivos en las suposiciones de los adversarios de dicha corriente; por lo contrario, Meliso defendió la postura de Parménides en referencia al Uno y sólo de manera accidental lo criticó, en lo relativo a su teoría de la esfera inmóvil.

En conclusión, Meliso define el Uno como incorpóreo debido a que si fuera, debe ser uno, y al ser uno no debe tener cuerpo, pero si tuviera solidez debería tener partes y ya no seguiría siendo uno. En otras palabras, el hecho de ser ya algo material conlleva un cambio y un movimiento, lo que haría divisible al Uno y dejaría de ser una sola integridad.

Bibliografía:

Sin autor“Filosofía la guida 2000”, escuela Eleática, se ubica en :http://filosofia.laguia2000.com/filosofia-griega/la-escuela-eleatica [accesado el día 18 de Octubre de Kirk, Raven y Schofield, Los filósofos presocráticos, Cap. “Meliso de Samos”, Vol. II, ed. Gredos, Madrid, 2008, pp. 419– 435. 2011].


[1] La escuela eleática fue una corriente griega de filosofía que se desarrolló aproximadamente a partir del siglo VI a.C., cuyo nombre en sí provenía de la ciudad griega de Elea, situada al sur de Italia, y la cual fue fundada por los griegos en torno al año 540 a.C. Fue fundada por el filósofo Parménides.

[2] (Fr. 8, Simplicio, de caelo 558, 21) Kirk, Raven y Schofield, Los filósofos presocráticos, Cap VI. “Meliso de Samos”, Editorial Gredos, Madrid, 2008, pág. 426 y 427.

[3] (389 Simplicio, Fis. 109, 34) Idem pág. 423.

[5]La filosofía de Parménides se dirige fundamentalmente contra los milesios, defensores del cambio contra los pitagóricos, que mantienen una concepción dual de la realidad, ser y vacío (no-ser). Parménides somete la realidad al pensamiento lógico, por ello el ser y todo lo real debe ajustarse a las reglas lógicas y más en concreto al principio fundamental, el principio de no-contradicción. "El ser es y no es posible que no sea; el no-ser no es y es necesario que no sea".

Pensamiento de Empédocles


Empédocles de Acragas (en la isla Sicilia de la actual Italia) fue un filósofo presocrático datado en el 495-435 a.C., de quien se dice, “utilizando la autoridad de Aristóteles, que fue un ferviente democráta”[1] enfocado en rechazar el gobierno de su ciudad; se ha hablado incluso de su profesión de médico sin embargo, según Kirk y Raven, es una afirmación ilegitima, puesto que se basa en los poderes curativos expuestos en sus poemas.
Los fragmentos que se tienen de él proceden precisamente de éstos dos poemas, comúnmente denominados Sobre la naturaleza y Purificaciones. Y a pesar de no encontrarse éstos en su totalidad, nos ofrecen mayor extensión que en cualquier otro presocrático. Al igual que Parménides, Empédocles escribe en versos hexamétricos buscando extender, completar y corregir la teoría del primero, además de hacerse notar como admirador de Hesíodo, y en consecuencia imitador en la forma verbal.
El texto nos ofrece siete principios generales para la comprensión del pensamiento de nuestro filósofo. En primer lugar se encuentra la defensa de los sentidos, en la que sin duda alguna reconoce la limitación de la comprensión humana, mas invita a estar atentos a lo que nos pueden ofrecer los estímulos sensoriales de cada una de las cosas. Como segundo principio encontramos el poder que da al conocimiento como medio para realizar proezas incluso mágicas. En tercer lugar está la propuesta de las cuatro raíces, que en otras palabras es la presentación de los cuatro elementos como causas primeras del resto de las cosas[2], que en la medida se su combinación forman lo demás. Otro principio es el ciclo del cambio, que se explica mejor con el siguiente fragmento:
Fr. 17, 1-13, Simplicio, in Phys. 158,1
Un doble relato te voy a contar: en un tiempo llegaron a ser sólo uno a partir de una pluralidad y, en otro, pasaron de nuevo a ser plurales a partir de ser uno; dúplice es la génesis de los seres mortales y doble su destrucción. A la una la engendra y la destruye su reunión y la otra crece y se disipa a medida que nacen nuevos seres por separación. Jamás cesan en su constante inter­cambio, confluyendo unas veces en la unidad por efecto del Amor y separándose otras por la acción del odio de la Discordia. Así, en la medida en que lo uno ha aprendido a desarrollarse a partir de lo múltiple y la pluralidad surge de nuevo de la división de lo uno, de la misma manera nacen y no tienen una vida estable. Y en la medida en que jamás cesa su continuo intercambio, asi también existen inmóviles siempre en su ciclo.[3]
Después, el quinto principio son los agentes de este ciclo, es decir que especifica a las cuatro raíces dentro del ciclo, anexando también la presencia del amor y la discordia como fuerzas motrices del ciclo. Consecuentemente el texto presenta la reflexión de Empédocles sobre el nacimiento y la muerte como el sexto principio, en dónde para él, no existen tales ya que tan solo es la mezcla y separación de lo ya existente (las raíces). La mezcla de las raíces es el septo y último principio aquí propuesto por la que existen todas las cosas.
Sin embargo encontramos en La naturaleza otros aspectos importantes a tratar de su pensamiento, uno de ellos el Amor, sobre el cual observamos en el siguiente fragmento:
Fr. 29, Hipólito, Ref. vii, 29, 13
Y respecto a cuál es la forma del mundo cuando está siendo ordenado por el Amor, dice asi: "no brotan de sus espaldas un par de ramas, ni tiene pies ni rodillas ligeras, ni genitales fecundantes, sino que "era una esfera" y es igual a sí misma.[4]
Esto quiere decir que “cuando el amor une completamente a las cuatro raíces, éstas dan origen a la esfera, dando así el mayor grado de perfección a la mezcla, de modo que también es por la discordia que terminan separándose.
En la última parte observamos la explicación que Empédocles ofrecía sobre algunas otras cuestiones sobre biología. De modo que se infiere que dividía la formación de los animales en estadios, en donde en el primero “los miembros vagaban aislados en búsqueda de la mezcla correspondiente”; en el segundo estadio se realizaba la unión, en la mayoría de los casos inadecuada creando las creaturas, unas más fuertes que otras; y en el tercero se dan las formas “completamente naturales”[5], es decir a los hombres. Explica ahí mismo un parentesco de toda la naturaleza que se da por los principios de organización.
Por otra parte el poema de Las purificaciones es sabido que está dirigido a un grupo de personas encontradas en su patria. En éste Empédocles muestra un misticismo que comúnmente es relacionado, o con las tradiciones órficas, o con el pitagorismo; también es en el núcleo del mismo donde se revela como un espíritu divino entre otros que sufrieron el castigo de la mortalidad a través de la encarnación, sin embargo con la posibilidad de la liberación en la inmortalidad; mas solo se podrá alcanzar tal inmortalidad mediante el sacrificio, no de sangre y canibalismo sino el sacrificio puro que podríamos llamar un espíritu de mortificación.
Se considera que los dos poemas están conectados en cuanto a que “los poderes y las pautas del cambio (descritas en Las purificaciones) que gobiernan el destino humano son los mismos que prevalecen en el cosmos en general”[6].

Bibliografía


C. S. KIRK, J. E. RAVEN Y M. SCHOFIELD. Los Filosófos Presocráticos II. Madrid: GREDOS, 
2006.



[1] C. S. KIRK, J. E. RAVEN Y M. SCHOFIELD, Los Filosófos Presocráticos II, p.95, Madrid, GREDOS, 2006.
[2] Cabe mencionar que asocia a cada elemento con un dios: Zeus, el fuego; Hera, el aire; Edoneo, la tierra; y Nestis, el agua.
[3] C. S. KIRK, J. E. RAVEN Y M. SCHOFIELD, Los Filosófos Presocráticos II, p.103, Madrid, GREDOS, 2006.
[4] C. S. KIRK, J. E. RAVEN Y M. SCHOFIELD, Los Filosófos Presocráticos II, p.113, Madrid, GREDOS, 2006
[5] Nos explican en el texto que se les da ese nombre porque eran seres completos (no fragmentados).
[6] C. S. KIRK, J. E. RAVEN Y M. SCHOFIELD, Los Filosófos Presocráticos II, p.150, Madrid, GREDOS, 2006