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5 oct 2011

“El pensamiento de Heráclito”: razón, movimiento y armonía.

imagesCAELW4JUA Heráclito se le puede ubicar aproximadamente en el siglo V A.C., sobre las fuentes que tenemos sobre él no son muy precisas. Se dice que fue hijo de Blosón o de Heraclón de Éfeso (desde los fragmentos que se tienen según Diels y Kranz); asimismo, se explica que se rehusó a componer leyes para los efesios, prefiriendo jugar con los niños en el templo de Artemis. La mayoría estas historias y dichos documentados conocidos sobre él, son en su mayoría opiniones que pretendían ridiculizarle; siendo en su conjunto historias inventadas, con maliciosa intención por pedantes helenísticos resentidos por el aire de superioridad que se le adjudicaba a Heráclito. Por otro lado, se presupone que se convirtió en un misántropo [1] alejándose de la sociedad para vivir en un monte, alimentándose de hierbas. Se le atribuye un libro titulado Sobre la naturaleza, llamado así por su contenido; éste se encuentra dividido en tres secciones: sobre el universo, la política y la teología, lo que le hizo gozar de reputación por su escrito. Tal fue el prestigio que ganó con su pensamiento que se le asignaron discípulos conocidos como heclítetos. Por otra parte, la experiencia de Heráclito lo llevó a expresar la universalidad del <> con mayor claridad, y de la misma manera la <> y la <>; de ahí que adquirió fama en la antigüedad por sus definiciones referentes a los términos ya mencionados. Se dice que murió a los 60 años.

Acerca de sus paradojas encontraremos fragmentos escritos por él que nos ayuden a comprender su percepción sobre el movimiento, la razón y la armonía. Como primer punto, en el pensamiento de Heráclito se habla de afirmaciones acerca del movimiento, aserciones que parten de la idea de que “todas las cosas fluyen”. Para Heráclito todo lo que existe deviene [1], es decir, todas las cosas fluyen y nada permanece en sí mismo, algo puede suceder en un momento y al otro pasa un cambio diferente; entonces el devenir es movimiento. Para Heráclito…“en alguna parte todas las cosas se mueven y nada está quieto y comparando las cosas existentes con la corriente de un río dice que no te podrías sumergir dos veces en el mismo río” (215 Platón, Cratilo 402 a). A esta razón, es cierta la idea del cambio, análogo con el ejemplo del río, donde el agua fluye en una realidad que puede considerarse estática; sin embargo experimenta un cambio. Por consiguiente la permanencia y la inmovilidad son prerrogativas de la razón humana; la verdad que hay en el devenir es que todo fluye, todo está en constante cambio, y estás alteraciones se dan inclusive en la esencia de las cosas.

Uno de los sentidos más adecuados que vamos a encontrar referente al pensamiento de Heráclito será el sentido técnico de λόγος, entendida como: "fórmula, disposición proporcionada, calculo, medida, etc.” . Es un tanto engañoso usar este término, para facilitar su desarrollo, en éste documento se manejará como la “razón”. Heráclito expresa cómo el hombre ante esta realidad pasa aletargado con lo que acontece a su alrededor:

“Siempre se quedan los hombres sin comprender que la razón es así como yo lo describo, lo mismo antes de haberlo oído que una vez que lo han oído; pues, aunque todas las cosas acontecen según esta razón, se parecen los hombres a gentes sin experiencia, incluso cuando experi­mentan palabras y acciones tales cuales son las que explico, cuando distingo cada cosa según su constitución y digo cómo es; al resto de los hombres les pasan desapercibidas cuantas cosas hacen despiertos, del mismo modo que se olvidan de lo que hacen cuando duermen”(194 Fr. 1, Sexto, adv. math. vii 132)

Si el contexto puede ser percibido de diferentes puntos subjetivos en el hombre y, el conocimiento de alguna cosa consigue ser o tener un sentido diferente para otro sujeto, en conclusión, es difícil llegar a definir y captar la verdad sobre la razón. “Por tanto, es necesario seguir lo común; pero, aunque la razón es común, la mayoría vive como si tuviera una inteligencia particular” (195 Fr. 2, Sexto, adv. math. vii 133).

Continuando con sus fragmentos, se puede afirmar que la razón es como lo constitutivo de todas las cosas, resaltando la vivencia en relación con el mundo. El aprendizaje se concibe a través de la experiencia, entonces encontraremos que la razón es un constitutivo que precede del orden, es decir, de un sentido que se estructura en el pensamiento del hombre a la medida de la interacción con el mundo, ésta puede correr el riesgo de considerarse como algo subjetivo a una idea que se genera del individuo y no del sentido común. Comprender e interactuar con el mundo es encontrar el conocimiento objetivo que parte de lo común entre las cosas, el orden ya mencionado, la centralidad e importancia de la percepción y relación de un todo. Por siguiente, se afirma que “tras haber oído la razón y no a mí es sabio convenir en que todas las cosas son una” (196 Fr. 50, Hipólito, Ref. ix 9, 1).

Heráclito en sus fragmentos sobre los opuestos describe que estos son ideas que refieren a que son más que apariencia y que en verdad hay una esencial unión entre las cosas que parecen oponerse y entre ellas no existe una división. En el fragmento “el mar es el agua más pura y más corrupta; es potable y saludable para los peces; para los hombres, en cambio, es impotable y deletérea” (199 Fr. 61, Hipólito, Ref. ix 10, 5), nos encontramos que las mismas cosas producen efectos opuestos sobre clases distintas, es decir, hay una unión esencial entre ellos. Si desaparece la armonía entre la tensión de las fuerzas no habría movimiento ni perenne fluir, de manera que en lo contrario de las cosas podremos llegar a conocer la esencia. Como es el caso del frío-caliente, lleno-vacio, seco-húmedo; a la percepción e interpretación de cada uno, no podemos llegar a conocer el uno sin el otro; así pues, se crea una unión esencial entre ellos. “La unidad de las cosas subyace a la superficie; depende de una equilibrada reacción entre opuestos” (207 Fr. 54, Hipó­lito, Ref. ix 9, 5).

En conclusión, encontramos en el pensamiento de Heráclito la afirmación de que las cosas son una, puesto que la armonía, el movimiento y la razón no se pueden entender independientes uno del otro; debido a que en la profundización de la búsqueda de la verdad nos llevará a la razón como la unión de las cosas en uno, y éstas se mantienen unidas y comprendidas por la armonía que existe entre ellas; así pues, el conocimiento se da en el devenir de las cosas que experimenta un cambio constante. En otras palabras, para Heráclito la naturaleza de las cosas es una, la razón es la verdad necesaria para que en su conjunto converjan con el devenir de nuestro ambiente comprendido desde la armonía.

Bibliografía:

Kirk, Raven y Schofield, Los filósofos presocráticos, Cap VI. “Heráclito de Éfeso”, Editorial Gredos, Madrid, 2008, pp. 237-255.

Diccionario de la lengua española , 2005, Espasa-Calpe, WordReference.com, Misántropo, está disponible en: http://www.wordreference.com/definicion/mis%C3%A1ntropo [ accesado el día 5 de octubre de 2011]

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[1] Misántropo: Persona que tiene aversión al trato con los demás.

[2] Devenir: Cambio, transformación, transcurso; el devnir de la vida.

Heráclito: el fuego, las almas, la ética y la política




El libro de Kirk y Raven, Los filósofos presocráticos, en su capítulo sexto, explica al personaje Heráclito de Éfeso (desde los fragmentos que se tienen según Diels y Kranz): su vida, su obra, sus interpretaciones y su pensamiento.
         En cuanto a su pensamiento nos habla de algunos puntos: cómo cree que “los hombres deberían de comprender la coherencia subyacente a las cosas”, es decir el Logos; da también varios “ejemplos de la unidad de los opuestos”; explicando cómo “cada par de opuestos forma, por tanto, una unidad y una pluralidad. Pares diferentes resultan estar también interconexos”; y cómo por ello “la unidad de las cosas subyace a la superficie y depende de una equilibrada reacción entre opuestos”. Otros puntos que aborda son: el hecho de que “el equilibrio total del cosmos sólo puede mantenerse si el cambio en una dirección comporta otro equivalente en la dirección opuesta, es decir, si hay una incesante discordia entre opuestos”; y cómo “la imagen del río ilustra la clase de unidad que depende de la conservación de la medida y del equilibrio en el cambio”. Hasta que llegamos al apartado en el que habla de que “el mundo es un fuego perdurable;  algunas de sus partes están siempre extintas y constituyen las otras dos masas importantes del mundo, el mar y la tierra. Los cambios entre el fuego, el mar y la tierra se equilibran mutuamente; el fuego puro o etéreo tiene una capacidad directiva”[1]. Que de hecho es el apartado a partir del cual me corresponde tatar de hacer síntesis. Después nos hablan sobre la Astronomía, la sabiduría, el alma, la muerte, junto con una crítica a la religión; abordan el tema de la política y la ética. Claro está, siempre desde la interpretación a Heráclito.
         En otras palabras, Kirk y Raven, explican el Logos al que se refería Heráclito, es decir la razón primigenia, arquetípica, de todas las cosas; la armonía de los opuestos como característica del (de la) mismo (a); y el continuo movimiento en que se encuentran las cosas al surgir del Logos, siendo éste el único que permanece.


            En cuanto al fuego, encontramos un primer fragmento:
Fr. 30, Clemente, Strom. ν 104, 1:
Este cosmos [el mismo de todos] no lo hizo ningún dios ni ningún hombre,  sino  que  siempre  fue,  es y será fuego  eterno,   que  se  enciende según medida y se extingue según medida.[2]
Gracias a éste nos damos cuenta de cómo Heráclito comienza a plantear la conclusión de su pensamiento en el fuego, como la forma concreta del Logos, que sin embargo no es materia; y las cosas existen en la medida en que el mismo se apaga y se enciende. Esta concepción era al igual que el Logos una idea abstracta. De modo que podemos observar en el rayo a la expresión más pura de éste fuego, que en su relación de evaporación y demás procesos crea la lluvia, la cual crea al mar; del mismo modo, a la tierra, son los volcanes quienes la crean.
            Y, del mismo modo que la tierra y el mar, todos los cuerpos celestes tienen su relación con el fuego, en la medida que son cubetas contenidas de fuego gracias a que están volteadas hacia nosotros y absorben las llamadas exhalaciones del mar.
            Por ello es que estos autores (Kirk y Raven) nos afirman que para Heráclito “la sabiduría consiste en entender el modo en que opera el mundo”. Ya que “la vida misma del hombre está indisociablemente atada a todo lo que le rodea”[3]. De modo que la sabiduría sólo puede ser conseguida por quien entiende el Logos, para Heráclito esta persona era Zeus, pues en él era contenido el Logos  y el fuego.
            En lo que a las almas se refiere, Heráclito las relacionó en su estructura con el cuerpo y con el  mundo en general, pues para él también eran fuego o aliento del mismo. Ésta acepción puede ser dada debido a que el cuerpo al morir es frío y al vivir caliente, por lo tanto es un reflejo del fuego primigenio. Sin embargo no todas se mantienen de esta forma, algunas “se humedecen” de diferentes modos, perdiendo toda posibilidad de trascendencia, en cambio las que se mantienen iguales hasta la muerte pasan a formar parte del fuego y de esta forma trascienden su forma humana.
            En cuanto a la religión y al culto, piensa que la idea de dioses antropomorfos es inadecuada, pero que de alguna forma acercan, aunque accidentalmente, a los hombres para que conozcan el Logos.
            Y todo esto lo lleva a la vida concreta dando consejos de ser moderados, de auto-conocerse y de llevar la naturaleza física del cuerpo y del alma a la coherencia de vida en la ética y la política.
            En resumen, Heráclito:
Explica prácticamente todos los aspectos del mundo de un modo sistemático, poniéndolos en relación con un descubrimiento central —el de que los cambios naturales de todo tipo son regulares y están equilibrados y el de que la causa de este equilibrio es el fuego, el constitutivo común de las cosas, denominado también su Logos—. La conducta humana, lo mismo que los cambios del mundo exterior, está gobernada por el mismo Logos: el alma está hecha de fuego. La comprensión del Logos, de la verdadera constitución de las cosas, es necesaria para que nuestras almas no estén excesivamente húmedas y las convierta en ineficaces la insensatez personal.[4]
Una vez sintetizado el pensamiento de Heráclito me queda decir que su filosofía no se puede entender si no es en el contexto en el que se desarrolló. Es decir, también él trató de responder a lo que los mitos no respondían, buscó, bajo una teoría bastante bien argumentada, dar a entender desde lo abstracto: cómo era la naturaleza primigenia de las cosas; hasta lo concreto: cómo era la ética y la política. Considero que los argumentos de Heráclito son una buena base para entender la coherencia de vida, que tanto le reclamaba a sus contemporáneos, es decir, el hecho de vivir conforme su naturaleza y no conforme a lo que sólo sus sentidos percibían.


BIBLIOGRAFÍA:
C. S. KIRK, J. E. RAVEN Y M. SCHOFIELD. Los Filosófos Presocráticos I, Madrid: GREDOS, versión digital, cap. VI.


[1]C. S. KIRK, J. E. RAVEN Y M. SCHOFIELD. Los Filosófos Presocráticos I, Madrid: GREDOS, versión digital, cap. VI.
[2] Ibídem, p.257.
[3]Ibídem, p. 265.
[4]Ibídem, p. 279.